Estrés y libido: el vínculo subestimado

Falta de tiempo, jornadas bajo presión, mente que nunca descansa… y el deseo que desaparece. El vínculo entre el estrés y la libido es real, bien documentado y a menudo subestimado. Aquí te explicamos cómo uno actúa sobre el otro y por dónde empezar.

Qué le hace el estrés al organismo

Frente al estrés prolongado, el cuerpo produce más cortisol. Sin embargo, un cortisol elevado de forma sostenida tiende a disminuir la testosterona (tanto en mujeres como en hombres) y a perturbar el equilibrio hormonal. Es un mecanismo de supervivencia: el organismo prioriza las funciones «vitales» y pone en modo de espera lo que no lo es de inmediato, incluyendo la sexualidad.

Un cerebro en hipervigilancia

El deseo supone poder relajar la vigilancia y dejarse llevar por las sensaciones. Bajo estrés, el cerebro permanece en alerta: anticipa, rumia. En este estado, es difícil dejar espacio a la excitación. La fatiga crónica y las tensiones físicas acentúan aún más el fenómeno.

El círculo vicioso estrés – rendimiento

A esto se añade a veces una presión de «rendimiento»: el miedo a no lograrlo genera ansiedad… que a su vez alimenta la dificultad. Reconocer este círculo es el primer paso para salir de él.

Por dónde empezar

Las palancas más eficaces suelen ser las más simples: mejorar el sueño, concederse verdaderas pausas, practicar actividad física y trabajar la respiración o la relajación para reducir la tensión. Aliviar la carga mental y hablarlo en pareja son igualmente importantes.

Cuándo buscar ayuda

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Este artículo es informativo y no sustituye el consejo de un profesional de la salud.